El final de la legislatura, como era de prever, está impregnado de ese aire entre melancólico y decadente que suele caracterizar los traspasos de caudillaje: mientras el saliente se empeña en dejar claro continuamente que sigue mandando, la aspirante pretende dar a entender que las cosas han cambiado, y seguirán cambiando, aun a costa de enmendar la plana a su mentor: necesita demostrar y consolidar su aún incipiente poder. Los cortesanos, por su parte, se esmeran en captar las variaciones en los delicados equilibrios del poder y se van deslizando hacia el nuevo sol, procurando no quedar con las posaderas al aire ni herir innecesariamente a quien, desprovisto ya del dedo munificente, poco tiene que ofrecer. Agazapado en las sombras, algún heredero despechado habrá (siempre los hay), tejiendo apoyos, evaluando riesgos y esperando acontecimientos.
Pero personas y talantes aparte, las organizaciones suelen tener instinto de supervivencia, especialmente cuando amalgaman intereses tan poderosos, y todos se aprestan a la batalla electoral, exhibiendo esos logros, esas hazañas de gobierno que, dirán, han conseguido que seamos lo que somos. Asistiremos a la consabida, espasmódica y cuatrienal orgía de inauguraciones de obras sospechosamente diferidas (en esto nadie le gana a la alcaldesa Barcina) al último año de la legislatura; a la exhibición de modernidades que quieren ser modernizaciones pero que a menudo no pasan de caspa sofisticada (y cara, muy cara), en la que estridencia, desmesura y derroche se unen en una trinidad casi perfecta.
Lo que pueda ir mal en Navarra (recuérdese que no hace tanto el consejero Roig nos prometía el pleno empleo al cuadrado) es por causa de una crisis global. El mal de muchos que actúa como parachoques infalible y excusa perfecta (eso sí, cuando las cosas van bien, siempre es por méritos propios). Y cuando esto no parece suficiente, se apela a la verdadera crisis, la de valores, de los cuales es UPN, al parecer, portador eterno. Así, de una forma u otra, la globalización, cualquiera que sea el significado concreto y los matices que queramos añadir al concepto, es la gran excusa exhibida, y esgrimida, es el artilugio que nos permite justificar lo que va mal o lo que se quiere hacer pero avergüenza reconocer. Entre otras cosas, la globalización se ha utilizado como excusa para reducir impuestos a las rentas más altas y a las más volátiles, esto es, las rentas del capital, incrementando, ahí donde el sistema público era ya de por sí débil, la fragilidad del sistema de prestaciones sociales, con las consecuencias que se han podido apreciar desde el mismo momento en que estalló la actual crisis. También ha sido la globalización baluarte eficaz para prevenir mejoras salariales o para justificar reformas laborales y, en general, relajamientos de derechos a favor del mercado. Se agita para ello el fantasma de la deslocalización.
Efectivamente, hay deslocalizaciones. Las ha habido siempre, porque es inherente a la naturaleza de los procesos económicos. La literatura admite como causas más comunes las diferencias salariales o la búsqueda de legislaciones laborales, sociales o ambientales más laxas. Pero esa deslocalización no es necesariamente negativa. Todo depende de la solidez del tejido económico y de las políticas que se apliquen. Sin embargo, en Navarra hemos visto en los últimos tiempos algunos casos de deslocalización mucho más preocupantes por su impacto cualitativo y, lo que es peor, inducidas o alimentadas por la Administración de UPN. Me centraré en cuatro.
Deslocalización tecnológica, perpetrada con la venta de EHN. Las razones aportadas fueron de escaso fuste; si había otras quizá no eran confesables. Para colmo, el producto de aquella venta se utilizó para especular en bolsa y servir a intereses políticos espurios. Y por cierto, con Caja Navarra de por medio, protagonizando jugosas operaciones y haciendo caja: otra constante de los últimos años de gobierno de Sanz, la obsesión por generar liquidez a la banca cívica a costa de recursos públicos.
Deslocalización cultural: la más que evidente desidia de la Administración de UPN (foral y municipal: Barcina y su capitalidad cultural) en la gestión del asunto de la colección Huarte Beaumont culminó, como es bien sabido, en la cesión de la misma a la Universidad del Opus Dei. La negligencia es censurable siempre, pero resulta sospechosa cuando beneficia a los amigos.
Deslocalización de infraestructuras: la Autovía del Camino. Otro de los méritos de UPN es haber incrementado sustancialmente el endeudamiento de Navarra haciendo trampa y ocultándolo en los balances mediante el recurso al peaje en la sombra. Este procedimiento encarece considerablemente el producto final, frente a otras formas más ortodoxas de financiación. En el caso de la mencionada autovía, tal encarecimiento se agrava a causa de maniobras poco explicadas, alguna de las cuales ya censuró la Cámara de Comptos: doble contabilización del IPC, premios por finalización adelantada, sospecha de subestimación de aforos para incrementar de hecho el retorno financiero (y, por tanto, el nivel de endeudamiento efectivo de la hacienda de Navarra). Y todo para terminar vendiendo la obra a un banco alemán; o lo que es lo mismo, la Hacienda Foral alimentando pelotazos y, de paso, transfiriendo excedentes financieros a Alemania, donde ya se sabe que andan escasos. Excelente. Y, para variar, la banca cívica en medio haciendo caja.
Deslocalización financiera. Con la misma opacidad que ha caracterizado las operaciones ya descritas, nos volvemos a encontrar con la virtual desaparición de la única entidad financiera propiamente navarra y su dilución en un ente extraño, de composición variable e incierta y suspirando por un tiburón financiero especializado en bancos en crisis. Mediando, además, un suspenso en las pruebas de esfuerzo. Toda una proeza para una entidad que solía alardear de su solidez financiera y su prudentísima gestión. No cuadra. Como no cuadra que la entrada de JC Flowers se justificara por la inconveniencia de acudir al FROB y ahora, con la incorporación de Cajasol se vayan a pedir nada menos que 1.000 millones. Por cierto, lo último que se conoce sobre el acuerdo con JC Flowers incrementa las sospechas de «pelotazo» profesional, esto es, hacer carrera personal (carrerón, diría) en una institución tutelada por el sector público, con la complicidad de éste y a costa de los ahorros de los navarros: ándeme yo caliente...
¿Por qué denominar deslocalizaciones a estas operaciones? La razón es bien sencilla: porque en todos los casos suponen una pérdida de capacidad de decisión propia a favor de centros localizados fuera. Y, en este mundo de comunicaciones instantáneas, donde la información y el conocimiento no se desplazan sino que se difunden, donde la capacidad para competir está íntimamente ligada a la capacidad para decidir, traspasar ésta al exterior es de por sí una pérdida sustancial, agravada por afectar a ámbitos particularmente sensibles todos ellos: tecnología, infraestructuras, cultura y finanzas. ¿Quién da más? Lo más grave de todo es que, seguramente, hay una clara conciencia de todo esto, es decir, alevosía y premeditación: ¿no será que, para celebrar adecuadamente el aniversario de 2012, pretenden culminar lo iniciado en 1512?
Como suele ocurrir en estos casos, el lehendakari Sanz aspirará seguramente a pasar a la historia con halagüeños títulos; yo propondría uno que hace justicia a algunos de sus más llamativos méritos: Sanz el Deslocalizador.
13 diciembre 2010
Las deslocalizaciones de UPN
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08 noviembre 2010
Nafarroa Bai, la izquierda y el nacionalismo
Nafarroa Bai está inmersa en un intenso, denso y a menudo tenso debate. Todo el mundo lo sabe, no se oculta e, incluso, algunos medios tienden a exagerarlo, ellos sabrán con qué fines. Es curioso lo que ocurre con los partidos y las organizaciones políticas en general. Cuando se debate (véase el caso de las primarias en el PSOE madrileño), desde dentro se apela a la higiene o buena salud democrática y desde fuera se critica, aludiéndose a la división y la escasa fiabilidad. Se llega a poner como ejemplo de buen funcionamiento el del PP, tan parecido al sistema del «dedazo» mexicano. Y siempre es lo mismo. ¿Quién es más fiable, quien debate internamente o quien en tiempos de crisis reorienta el presupuesto para seguir alimentando la cuenta de resultados de los de siempre, a costa de un inmenso derroche? ¿El que debate o el que promete cambio y asegura su disposición a adelantar por la izquierda, para quedarse en monaguillo del derrochador? ¿Quien debate o quien dice ser de izquierdas pero sanciona la operación de Banca Cívica?
Pero a lo que iba. La última entrega del culebrón NaBai es la decisión de Batzarre de salir de la coalición. Decisión inobjetable y que debe ser aceptada porque entra en el ámbito de soberanía de ese partido. Pero también lamentable por cuanto empobrece Nafarroa Bai al perder un capital humano y político valioso. En Nafarroa Bai, se ha repetido hasta la saciedad, no sobra nadie y todo el mundo tiene algo que aportar. Y, por supuesto, que no guste esa decisión (o que guste, que de todo habrá), no debe ser excusa para que se pierdan las formas y se falte al inexcusable deber de cortesía con quien ha sido socio tantos años. No cabe sino desear lo mejor a las personas que componen Batzarre.
Pero también es necesario introducir alguna lógica en el análisis para evitar desenvolvernos entre falacias. Se ha reiterado que Batzarre aportaba el componente no nacionalista a Nafarroa Bai y que, con su marcha, la coalición pasa a ser estrictamente nacionalista. Igualmente se argumenta que Batzarre asegura el ingrediente izquierdista vital para la coalición. No niego, es imposible hacerlo, que Batzarre sea de izquierdas o que no sea nacionalista vasco. Pero deducir que al marcharse desaparecen esas características de Nafarroa Bai es un exceso lógico que no se sostiene ni formal ni conceptualmente. Que otros lo digan, es normal. Es la vieja estrategia de repetir cansinamente algo con la esperanza de que el público se lo crea. Que lo diga la derecha política y mediática es normal: tiene miedo y agita los fantasmas de siempre (sus fantasmas) para seguir parasitando los recursos públicos de Navarra en beneficio de los suyos. Que lo diga el PSN es normal: con el papelón que han representado esta legislatura y unas expectativas poco halagüeñas, ponen su esperanza en la distorsión y la división de quien hace tiempo les adelantó por la izquierda. Que lo diga Izquierda Unida es normal: con un PSN desacreditado trata desesperadamente de convencer de que son «la» izquierda; y, además, no nacionalista. Lo preocupante es que sea asumido sin mayores reparos por las bases sociales de Nafarroa Bai, porque no es cierto. Si fuera cierto cuanto se dice desde fuera de Nafarroa Bai, y que a veces se asume internamente, ¿habría llegado a ser la segunda fuerza política en Navarra en un contexto tan hostil? Creo que no.
Nafarroa Bai es una coalición plural, rica, transversal, como se dice ahora, con un alma de izquierda y sensibilidades diversas, pero todas ellas progresistas. Y no vale apelar a lo que hacen sus componentes en otros ámbitos, sino a lo que hace Nafarroa Bai. Y lo que hacen otros que pretenden encarnar «la» izquierda (que, por cierto, han gobernado en Vitoria sin que se les abrieran las carnes). ¿Es acaso de izquierdas bendecir una operación de deslocalización que deja la institución financiera navarra por excelencia en manos de un tiburón financiero? ¿Es de izquierdas apoyarse en una de las patas del régimen de UPSN o aprobar el estafermo del Plan Moderna?
Que hay componentes claramente de izquierdas en Nafarroa Bai es innegable. Porque ser de izquierdas no se termina con el ejercicio más o menos benevolente o bienintencionado de algún tipo de beneficencia laica. Va mucho más allá y tiene que ver con la igualdad, los derechos sociales, la equidad fiscal, la sostenibilidad ambiental… Que Batzarre abandone Nafarroa Bai no significa que desaparezcan estos elementos definitorios. Queda mucho rojerío dispuesto a seguir trabajando por sus ideales y por la transformación efectiva de la sociedad navarra, más necesaria que nunca en estos tiempos de tribulación económica y desasosiego social. Y obsérvese que digo transformación, que pasa por la construcción de consensos sociales, la aceptación de las diferencias y las cesiones. No hay otro camino. La alternativa es sentarse en un rinconcito confortable a rumiar dogmas o principios irrenunciables mientras la vida pasa gestionada por otros.
Lo mismo cabe decir del nacionalismo (vasco). Al parecer, sin Batzarre, Nafarroa Bai se queda en una mera coalición nacionalista (vasca). Si consideramos las tres acepciones que recoge el DRAE para el término nacionalismo, creo que cualquier persona puede ser considerada nacionalista. Además, están quienes se definen a sí mismos como nacionalistas. Y, por último, quienes son calificados así, a modo de sambenito ultrajante o descalificatorio. Por ejemplo, si una persona considera que preferiría un estado vasco (o navarro) independiente, es calificada inmediatamente de nacionalista. Pero si es partidaria de mantener el actual estado de cosas o, incluso, se manifiesta a favor de aplastar cualquier intento de secesión, no es considerada nacionalista (española). Curioso e irracional. Yo, por ejemplo, no me definiría como nacionalista, al menos en la acepción fuerte del término. Como muchas personas que mantienen algún compromiso más o menos explícito con Nafarroa Bai; o como, estoy seguro, muchos miles de sus votantes. En el abanico político navarro hay nacionalismos, de uno u otro signo, mucho más nocivos, porque son excluyentes e intolerantes. Nafarroa Bai es posiblemente la única formación política en la que cabe toda Navarra. La Navarra de UPN, el PP o el PSN, su discurso y su práctica política, se basan en la exclusión o la marginación de una parte sustancial de la sociedad que pretenden gobernar, practicando una suerte de canovismo foral con rasgos de apartheid. Y en esa estrategia vale todo.
Las condiciones no son las mejores, pero Nafarroa Bai debe empeñarse ahora en presentar su mensaje al conjunto de la sociedad navarra, en explicar detalladamente sus propuestas y en actuar hacia fuera con la misma transparencia con que ha desarrollado sus debates internos. Seguro que la sociedad sabrá responder.
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28 marzo 2010
El tránsito de EHN a Iberdrola: de la economía productiva a la especulativa
En octubre de 2004 se cerró un acuerdo en virtud del cual Acciona adquiría el 50% del capital de Energía Hidroeléctrica de Navarra (EHN) a Sodena (39,58%) y Caja Navarra (10,42%). De esta manera Acciona se convertía en propietario único de EHN, puesto que en 2003 ya había adquirido el otro 50% a Cementos Portland (21%), Sodena y Caja Navarra (17%), así como la autocartera generada tras la retirada de Iberdrola (12%). Acciona es un conglomerado diversificado que, en el momento de su entrada en EHN contaba con una potencia instalada en energía eólica de 138 megavatios, frente a los 573 megavatios de EHN.
La operación suscitó considerable polémica, por la justificación aducida y por el uso dado a los 307 millones de euros en plusvalías obtenidos por el Gobierno de Navarra, invertidos en Iberdrola en unas condiciones más que discutibles. De acuerdo con el informe de la Cámara de Comptos, la entrada en Iberdrola supuso en total 264 millones de euros, ya que a los 173 millones que costaron las acciones hay que sumar los casi 91 de la operación de aseguramiento que se suscribió con Caja Navarra. Curiosamente, en marzo de 2007 Sodena decidió no suscribir un nuevo seguro, «dada la situación del mercado así como de los valores correspondientes a Iberdrola»: profético. A 26 de marzo de 2010, esas acciones valían 227 millones de euros. Curiosamente también, Caja Navarra está omnipresente en todas estas operaciones, pero nunca arriesgando nada: en la relación entre el Gobierno y la Banca Cívica muchas veces es difícil saber quién está al servicio de quién.
Entre las razones para justificar la venta, se adujo que el mapa eólico de Navarra estaba completo o que el plan estratégico de EHN preveía unas inversiones de 2.000 millones de euros que el sector público navarro no podía asumir. Y, sobre ellas, la fundamental, la más esclarecedora: era, en palabras de Sanz, «positiva para los intereses generales de los navarros». Dejando aparte esta última, por vacía e inconsistente, las otras dos tampoco tienen demasiada enjundia y parecen más bien dictadas por la necesidad de decir algo: la primera porque EHN estaba ya experimentando una expansión que, en la medida en que podía permitir la adquisición de una dimensión adecuada para enfrentarse a las necesidades financieras que impone mantenerse tecnológicamente en puestos de cabeza, ha de ser considerada saludable; la segunda, porque el mencionado plan fue elaborado estando ya Acciona en EHN y, seguramente, atendiendo a sus intereses corporativos. Últimamente, para añadir el insulto a la injuria, se vuelve a oír hablar de ampliar o reabrir el mapa eólico.
No es raro que una empresa llegue a un punto en su existencia en el que se enfrente a la disyuntiva de dar el salto más allá de su mercado de origen (muchas veces regional o local) o desaparecer en el torbellino de la competencia internacional. Es, pues, una cuestión de pura supervivencia, que puede asegurarse, de tener éxito, por dos vías: el crecimiento a partir de los propios recursos o la integración en una empresa o grupo más grande, a menudo multinacional. El grupo cooperativo de Mondragón (con 4.000 empleos en Navarra) es un ejemplo de lo primero; la fuerte presencia de multinacionales en Navarra refleja, en parte, lo segundo. Que se opte por una u otra vía depende tanto de la idiosincrasia empresarial como del contexto, es decir, del sesgo de la política industrial y tecnológica (cuando existe).
Tradicionalmente las políticas de fomento han consistido en Navarra en la atracción de inversiones foráneas. Ello ha dado buenos resultados y ha permitido un crecimiento sostenido, con sus efectos ya conocidos sobre la renta y el empleo. A cambio, los centros de decisión están fuera, lo que se ve agravado por el hecho de que la mayoría de las plantas instaladas en Navarra forma parte de grupos multinacionales de diversa, pero siempre elevada, complejidad organizativa. Las decisiones, por tanto, se toman teniendo en cuenta el interés global del grupo, que no va a coincidir necesariamente con el de plantas individuales y, si hay algún sesgo, suele favorecer al lugar donde se ubica la sede social, normalmente su lugar de origen, donde también tienden a localizarse los centros y actividades de I+D. Habida cuenta de que una de las grandes debilidades de Navarra es la carencia de iniciativas empresariales, puede terminar, como consecuencia de este proceso, reducida a un área puramente manufacturera, con el riesgo consiguiente —esta vez sí— de deslocalización, porque los factores que han explicado el atractivo de Navarra para la inversión ni son permanentes ni son exclusivos.
La manera de sortear estos inconvenientes es suscitar actividad a partir del propio potencial y en actividades tecnológicamente avanzadas, ya procedan las iniciativas del sector privado, del público o de la cooperación de ambos. EHN reunía las condiciones para ello. Por un lado, podía haber sido el núcleo de un grupo industrial potente con centro en Navarra (toma de decisiones, I+D); por otro, constituir el motor del desarrollo tecnológico en un campo tan sensible y con tantas posibilidades de futuro como el de las energías alternativas. A pesar del compromiso de Acciona de mantener la sede social de EHN en Navarra, las decisiones de mayor trascendencia ya no se toman aquí y, en cualquier caso, se está al albur de la conveniencia de una empresa cuyo grado de compromiso puede variar por circunstancias que quedan fuera del control del Gobierno de Navarra. Cuando tantos gobiernos desearían tener una herramienta como EHN para incidir en el desarrollo económico y tecnológico, en Navarra se desperdició con razones, las oficiales, de escaso fuste, y mostrando, una vez más, la considerable —y sospechosa— miopía que parece afectar irremisiblemente a la derecha gobernante navarra cuando se trata de tomar decisiones en las que hay beneficios que asignar. La misma diligencia —y opacidad— con que el sector público foral se desembarazó de EHN se puso luego, por ejemplo, en la «nacionalización» del circuito de Los Arcos. No creo exagerado afirmar que la venta de EHN es el mayor error de política industrial que se ha cometido en Navarra en muchos años. Que además se hayan amparado pelotazos y se decidiera invertir, por razones oscuras (las oficiales no son creíbles) y quizá inconfesables, en Iberdrola, muestra claramente el tránsito desde el uso productivo de los recursos públicos al meramente especulativo y la visión caciquil y cortijera que de Navarra tiene UPN.
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02 febrero 2010
Navarra y su Universidad: ¿para quién gobierna UPN?
Que a UPN no le gusta la Universidad Pública de Navarra (UPNA) es un hecho ampliamente demostrado por la tozudez empírica de una actuación gubernamental que pasó primero por intentar hacer de ella un aborto alicorto, luego por ignorarla, como si fuera un absceso en el trasero de la culta y civilizada derecha navarra; y, finalmente, por pretender estrangularla financieramente, mermando poco a poco sus posibilidades de supervivencia. Este proceso se ha vuelto más descarnado con la llegada de Alberto Catalán a la consejería del ramo. Seguramente en ningún momento de la historia reciente de la Navarra cispirenaica hemos contemplado una gestión tan sectaria de la educación: a lo ocurrido con la UPNA hay que añadir la degradación de toda la enseñanza pública o el tratamiento al euskera, con la excusa de una crisis que, sin embargo, no ha estorbado el incremento de partidas presupuestarias muy sesgadas económica o ideológicamente.
Asistimos en los últimos meses a un acoso contumaz y sistemático, quizá buscando el derribo de una institución de calidad acreditada y demostrable (más allá de rankings mercenarios y tópicos al uso) en su doble vertiente docente e investigadora. A la asfixia económica (a duras penas ha conseguido la Universidad mantener su presupuesto del año pasado que, recordemos, ya sufrió una merma del 15% respecto a 2008), hay que añadir las mil triquiñuelas de todo tipo, incluyendo maliciosas insinuaciones ante la opinión pública. Así ocurrió con la aprobación del capítulo de gastos de personal, con la excusa de carencias de información y deslizando de forma apenas velada la idea de que se derrocha dinero con las nóminas. Las explicaciones dadas, tanto por el lehendakari Sanz como por el consejero, fueron confusas y contradictorias, para concluir que todo estaba bien (¿hay alguna institución en Navarra más controlada?) y dejando la sensación de que se trataba únicamente de incordiar y hacer daño a la institución.
En los intentos posteriores de justificar el proceder gubernamental se deslizan, entre obviedades y palabras huecas, algunos comentarios significativos. Así, el 14 de enero, el secretario general de UPN, García Adanero, manifestó que el «objetivo prioritario de UPN es que la aplicación de los fondos que se destinan a financiar a la Universidad Pública de Navarra sea la más adecuada posible». Nada que objetar, con la reserva de lo que entiendan por «adecuado». En un ejercicio de cinismo habitual en UPN en cuanto se refiere a la UPNA y que incluye manipulación de datos, cuando no mentiras descaradas, añadía que «una vez más vuelve a constatarse el respaldo y el apoyo del Gobierno de Navarra y de UPN a la financiación y desarrollo de la UPNA». La perla viene ahora: señaló García Adanero que «poner de manifiesto la necesidad de mejorar la gestión de la universidad no es en ningún caso una posición partidista, ni significa ir en contra de la UPNA, sino que lo que se pretende es que el empleo de los fondos públicos sea el mejor posible, adecuando los recursos a los objetivos pretendidos». Obras son amores. Puesto que conocemos sus preferencias en cuanto a los recursos, quizá podamos elucubrar sobre los objetivos que sean congruentes con aquéllas. Porque, ¿qué objetivos pueden ser compatibles con la reducción de tales recursos? Desde luego, tener una enseñanza superior pública de calidad o alcanzar esa supuesta modernización y cambio de modelo económico de los que tanto se habla, no.
Pero la derecha política navarra tiene un sesgo aldeano y casposo que aflora inevitablemente e impregna todo lo que emprende, sea cual sea el grado de sutileza (que ya es suponer) con que hubiera sido diseñado. Y así ha sido una vez más. Todo empezó como una insidiosa campaña para sembrar dudas y extender sospechas en torno a la UPNA. Se empieza apelando a la búsqueda de financiación externa; se repite hasta la saciedad que es la universidad mejor financiada; se deja entrever que se hace trampa con los presupuestos y que se remunera indebidamente a los profesores (las remuneraciones del personal son transparentes: ¿hay alguna manera de saber lo que perciben a cuenta de sus cargos Barcina o Sanz, por ejemplo? Tras mirar con lupa los gastos de personal, ¿no se les cayó la cara de vergüenza ante tanto mileurismo investigador frente al flagrante y endémico tresmileurismo digital de sus chiringuitos?). Pero, diríase una maldición, todo fue derivando hacia un sainete de la peor estofa, con la participación estelar del zarzuelero Sergio Sayas, inasequible al desaliento y al ridículo (parece empeñado en hacernos olvidar por elevación su actuación de la noche electoral).
Así llegamos a los supuestos informes policiales sobre vandalismo en la UPNA. Parecería, por lo que dicen, que el campus lo es, pero de entrenamiento de terroristas. Después de muchos dimes y diretes, idas y venidas, ratificaciones y aseveraciones, pero también de desmentidos sonrojantes de la Delegación del Gobierno y cuerpos y sindicatos policiales, resulta que los supuestos informes no son más que partes de incidencias rellenados por vigilantes de seguridad, en los que se da buena cuenta de fumaderos ilícitos en los lavabos, pintadas con tiza, colocación de carteles y hasta pequeños fuegos provocados por paseantes descuidados, junto a algunos actos, excepcionales, que, ciertamente, caben en la acepción de vandálicos y que, por lo mismo, son inadmisibles. Gallardamente fieles a la estrategia de sostenella e no enmendalla (qué esperar de quienes convierten la tozudez y la garrulería en rasgos idiosincrásicos a fomentar y de los que alardear y enorgullecerse), la calidad de la argumentación se va degradando y se pasa del argumento de autoridad que proporcionaría un informe policial al «con informe o sin él, todos sabemos lo que pasa en la UPNA». Pues bien, no lo sabe buena parte del personal que asiste con estupor a la polémica. No lo saben, al parecer, muchos estudiantes, cuando el propio Grupo Universitario reconoce que el ambiente es muy bueno y que la excepción está, precisamente, en unos incidentes que se quieren presentar como habituales. No lo sabe la misma Policía (ni siquiera la de Santamaría). Pero lo saben Sayas, Sanz o Barcina. Esperemos que no se empeñen en que la Policía Foral envíe un informe a la Audiencia Nacional o terminará procesada la Comunidad Universitaria en pleno (salvo, al decir de Barcina, las gentes de bien, esto es, las personas dispuestas a avalar sus astracanadas: el resto, como ya se sabe, son maleantes).
A UPN, decía, nunca le ha gustado la UPNA. En general, todo lo público le produce sarpullidos y parece concebir el presupuesto únicamente como un instrumento para alimentar la red clientelar que, con la complicidad y anuencia del PSN, le permite mantenerse en el poder. Pero la actual campaña va demasiado lejos para lo que la inteligencia política puede admitir. Mucho más lejos, desde luego, que un mero favor al maltrecho PSN (por otra parte de fácil conformar) para que pueda mejorar su imagen manipulando groseramente cuanto afecta a la UPNA. Por un lado, se da un toque de atención a la propia universidad para refrenar sus veleidades de servicio a la sociedad (¿aumentar el número de titulaciones? ¿y por qué no reducirlas?). Por otro, se envía un mensaje nada sutil a la sociedad: la UPNA es un nido de vándalos donde los vástagos de la «gente de bien» corren serio riesgo.
Tras la polémica vergonzosamente zanjada sobre los estudios de Medicina, con fundadas sospechas sobre quién va a gestionar el (público) centro de investigación biomédica (lo que implica dejar un campo tan sensible para el futuro de Navarra al albur de las obsesiones dogmáticas de algunos), en un contexto de cambio del mapa y la estructura de las titulaciones universitarias, a la vista del momento del año elegido (prematriculas, matrículas y otras zarandajas), quizá habría que preguntarse, como en las más simplonas novelas policíacas, a quién beneficia todo esto. O, si se quiere, ¿para quién gobierna UPN? Quizá el autor del desaguisado sea el mayordomo, pero no deja de ser un fiel servidor. Dios, que buen vassalo si ouiesse buen sennor!
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30 agosto 2009
Canícula foral
Hay épocas del año particularmente propicias para perderse por andurriales en los que no es fácil acceder a la prensa habitual, especialmente la más cercana. La ausencia de información resultante tiene también sus ventajas. Además de ser un ejercicio higiénico, a la vuelta, al repasar la hemeroteca, se ven los acontecimientos con más desapego y dosis mayores de sorna y hasta escepticismo; también es más fácil extraer lo fundamental, así como apreciar con mayor nitidez las posiciones relativas de los distintos medios y su manera de informar, pero también de desinformar, manipular y hasta definir pautas, que de todo hay.
Dos circunstancias han marcado el verano y explican la deriva de los acontecimientos: en primer lugar, la crisis interna de UPN, que en parte es consecuencia de la traumática ruptura con el PP, pero que va más allá tras el dedazo de Sanz; en segundo lugar, una grave crisis económica a la que el Gobierno de Navarra no sabe cómo enfrentarse, porque carece de recursos, de ideas, de reflejos y hasta de entusiasmo. Esperando que las cosas se arreglen por sí solas (¿dónde están las promesas de pleno empleo de hace sólo unos meses?), Miranda y Sanz, perplejos y apesadumbrados, intentan capear el temporal sin una política económica digna de tal nombre, mientras el mundo se desmorona para muchos miles de personas, abocadas al desempleo y la frustración, sin que haya manera de saber cosas tan elementales como la evolución de la recaudación o el nivel de endeudamiento, uniéndose a la incapacidad la falta de respeto.
Como queda mal que este contexto presida el devenir informativo del verano —época en la que, además, escasean las noticias— se trataba de sacarse artefactos de la manga para entretener al personal y hacer olvidar los problemas propios —quizá más graves de lo que se pretende aparentar— o los que, siendo generales, se agravan por la propia incompetencia. El truco es antiguo: buscar un enemigo exterior o un mono de feria al que sacudir sin contemplaciones. Que elijan a Nafarroa Bai no es nuevo y hay muchas razones para ello. La principal, que es la única oposición real en Navarra. Aunque esta vez la campaña ha sido particularmente intensa y desabrida con andanadas inusitadamente virulentas (que ya es decir), en las que la escasa calidad de la munición se intentaba suplir incrementando los efectivos. Ellos sabrán a qué viene tanto nerviosismo.
La excusa ha sido el brutal retorno de ETA y los medios, qué raro, la condena del terrorismo y la obscena manipulación e instrumentalización de las víctimas. Y si no basta con UPN o el PSN para dirimir quién es demócrata o quién es terrorista, ya está la AVT decidiendo quién cumple la ley y quién no, o quién es cómplice de ETA. Habrá víctimas que, individualmente, se sentirán cómodas por esa instrumentalización que se hace (a través de partidos políticos y organizaciones) de ellas, allá cada cual con su ideología. Pero echándose como colectivo en brazos de la extrema derecha y atacando a quienes, siendo demócratas, están sin dudas, sin fisuras y sin nada que reprocharse, en contra de la violencia y así lo manifiestan, hacen un flaco favor a la ingente y necesaria tarea de lograr que toda la sociedad sienta las víctimas como propias. No ir del brazo de la AVT o no caer en las trampas saduceas de UPN no significa apoyar a ETA. Bailar el agua a UPN o ir del brazo de la AVT puede contribuir a empañar el respeto a las víctimas y someterlas a intereses espurios para conseguir fines igualmente bastardos. Porque no nos engañemos, en toda esta operación lo que menos importa es ETA o las víctimas. La prioridad no es otra que destruir a un adversario político que incomoda a todos.
La posición de Nafarroa Bai es irreprochable y éticamente mucho más próxima a lo que debe ser una condena que los textos propuestos por UPN. UPN (también el PSOE) ha apoyado en multitud de ocasiones textos distintos en foros distintos y nadie se rasga las vestiduras. Incluso ha votado textos que se exceden de las competencias del órgano en que se proponen o van contra la misma ley, como cuando se pretende decir a los jueces cómo han de juzgar y qué sentencias han de imponer, o fijar el régimen penitenciario de los condenados por terrorismo. La obligación de UPN, como partido mayoritario, es buscar el consenso. Lejos de eso, procura el disenso y cultiva el enfrentamiento para obtener réditos políticos. Así, los comunicados de condena se van volviendo más y más prolijos. ¿Alguien duda de que si se acepta lo que hoy se propone, mañana se tratará, pongamos, de la Virgen del Pilar y pasado mañana de la monarquía, de Santiago Matamoros o de cualquier otra cosa que a UPN le parezca inasumible por Nafarroa Bai?
El espectáculo dado en Berriozar (comunicado de la AVT incluido) va en la misma línea, con el concurso inestimable esta vez de algún paracaidista con ansias desmedidas de protagonismo que parece sufrir lo que podríamos denominar el síndrome del papable (consecuencia de entrar en el cónclave como papa y salir como cardenal). Berriozar no es sino un episodio más (al que seguirán otros en las próximas semanas) de una estrategia global de desestabilización de aquellos municipios gobernados por Nafarroa Bai, emprendida por UPN al día siguiente de las últimas elecciones municipales y a la que terminó por sumarse el PSN, con cierto retraso pero no con menos entusiasmo (meritoria tarea, ser el báculo de la derecha). Esa es la realidad, que ni tiene que ver con el terrorismo ni con las víctimas, que aparecen en el escenario sólo a causa de la impudicia y la falta de escrúpulos de algunos para servirse de ellas, organizando una demostración de fuerza a su costa que, para colmo, se saldó con un rotundo fracaso.
Mientras tanto, las tensiones internas de UPN revelan algunos detalles curiosos que hacen del partido una versión reducida, pero no menos áspera, del PP. Empecemos con Barcina. Ocurre a menudo que el autoritarismo se confunde con capacidad de liderazgo o de gestión. Pero tener mal carácter o no consentir la discrepancia no tiene nada que ver con la capacidad de gobierno, aunque fue considerado un mérito a la hora de ser digitalmente ungida por el Caudillo como nueva presidenta del partido. ¿Y qué ocurre cuando Barcina se enfrenta a un problema de enjundia en su propio equipo municipal? Nada. Se va de vacaciones, deja que el asunto se pudra y pospone la decisión todo lo posible. Ni más ni menos que la estrategia de Rajoy desde que está al frente del PP.
En cuanto a Sanz, pasado el momento solemne del relevo, parece llevar bastante mal lo de su jubilación. No se resiste a seguir ejerciendo como presidente del partido, impidiendo que hable precisamente quien tiene ahora esa responsabilidad o marcando pautas y estableciendo criterios. No parece atraerle el papel de reina madre que le correspondería en la nueva coyuntura (tampoco está mal que te vayan a tocar la gaita todos los días). Lleva el mismo camino que Aznar. Igual hasta tiene ya, también, su Murdoch foral para llenar sus ocios jubilares.
Barcina como Rajoy. Sanz como Aznar. Eso sí, todo acomodado a la idiosincrasia foral. Falta, para darle el picante que la situación demanda, nuestra Aguirre particular. En cualquier caso, el alboroto va apoderándose de UPN, incapaz de contener las tendencias centrífugas y la derecha navarra parece encaminarse al batiburrillo que fuera en otro tiempo (y que, en realidad, nunca ha dejado de ser): de momento ya hay tres siglas en la derecha navarra (cuatro, según se mire).
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01 junio 2009
El azul es tu color
Los sondeos electorales publicados estos días coinciden —además de en el, seguramente interesado, enfoque polarizador PSOE-PP— en apuntar dos datos nada inesperados en la actual coyuntura política y social. En primer lugar, una elevada abstención, fruto de la distancia con que se contempla la Unión Europea, todavía adoleciente de un déficit democrático que la convierte en presa fácil de los tejemanejes de los gobiernos y la aleja de la opinión pública. En segundo lugar, los sondeos pronostican una victoria del PP. En este caso lo que sorprende es el margen tan escaso de ventaja. Este es el panorama general y es lo que los partidos del fáctico frente nacional (español, por supuesto) están interesados en transmitir, intentando generalizar la impresión de que todo se ventila a dos. Sea cual sea el resultado (esta semana ambos intentarán movilizar un voto negativo y resignado, azuzando el miedo a que gane el otro), es un ejemplo más de la versión posmoderna del canovismo que poco a poco van implantando: turnarse en el poder en Madrid y compartirlo en las comunidades autónomas, especialmente allí donde una parte significativa de la opinión pública puede llegar a pensar —cuánta maldad— que estarían mejor con otro marco jurídico y vital.
En la pelea en que están enfrascados los dos titanes de la españolidad, el argumentario del PP entra completamente en lo esperable: crisis, crisis y más crisis. En parte porque lo tienen a huevo. En parte para intentar hacer olvidar sus propias vergüenzas, notablemente aireadas en los últimos tiempos (tiene su gracia que las lleven al aire por pretender taparlas con trajes de diseño). Por cierto, se empeñan en contraponer la creación de empleo del período Aznar (a la cabeza de Europa, dicen) con la destrucción de la era Zapatero (igualmente a la cabeza de Europa, dicen), pasando por alto que son dos caras de la misma moneda: aquel empleo (y el que se ha seguido creando hasta 2008) era de tan mala calidad que se ha esfumado en un santiamén, dejando como única herencia una secuela de vidas rotas y problemas sociales.
La palma se la lleva en esto de la propaganda electoral el PSOE (un detalle: ¿se han fijado que la papeleta del PP es infinitamente más bilingüe que la del PSN? Es lo que tiene dividir por cero. ¿Se habrá sorprendido alguien?). Visualmente, la campaña del PSOE se basa en contraponer el rojo y el azul. Aparentemente, el azul corresponde al PP. Tiene cierta lógica, porque es su color (no ha dejado nunca de serlo). El estupor llega cuando se leen los mensajes: en rojo energías limpias y en azul contaminación; en rojo luchar contra el cambio climático y en azul negar el cambio climático; en rojo trabajadores y en azul especuladores; en rojo vencer la crisis y en azul aprovecharse de la crisis; en rojo mañana y en azul ayer; en rojo protección social y en azul despido fácil; en rojo servicios públicos y en azul negocios privados; en rojo trabajar por la paz y en azul sembrar el miedo. Sin embargo, un observador externo que manejara información fidedigna sobre el devenir de los últimos años, tendría pocas dudas en adjudicar el azul precisamente al PSOE. Y es que la campaña pasa de puntillas por el hecho clamoroso de que el PSOE lleva gobernando cinco años (ya lo vimos en el último debate en el Congreso: el discurso de Zapatero parecía el de alguien que acaba de llegar al Gobierno; confróntese con el programa electoral socialista de 2004).
Un somero repaso puede ser suficiente: la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero sólo ha sido posible por la crisis económica, es decir, se actúa como si no existiera el cambio climático (otra manera de negarlo). La economía del ladrillo ha sido fomentada por el Gobierno hasta el momento mismo de su desmoronamiento. El lema de «más ordenadores y menos ladrillo» se compadece mal con la evolución del gasto en I+D, en el que, además, sigue incluyéndose el gasto militar (en ocasiones en proyectos que ni siquiera se desarrollan en España; ¿es eso trabajar por la paz?). ¿No es despido fácil la manera en que se han esfumado cientos de miles de empleos? Zapatero bate récords por la rapidez con que ha pasado de ser un recién llegado a representar lo caduco (cierto es que si él representa el ayer, Mayor Oreja nos sumerge en la prehistoria).
La misma incongruencia se observa cuando, quizá aplicando el manido principio de que «la mejor defensa es un buen ataque», se elabora un discurso culpando de la crisis al neoliberalismo, lo que significa, según ellos, que el responsable es el PP. Y nuevamente surge la pregunta: ¿quién ha gobernado los últimos cinco años? Es tan pobre, tan elemental y tan capcioso el discurso que lleva a pensar que los avances en materias como la regulación del matrimonio o del aborto no obedecen a una intención real de progresar, sino de agitar el alma ultramontana del PP y mantener el voto movilizado con el señuelo del miedo a la ultraderecha (otro detalle más: ¿es casualidad o es puro oportunismo y corrección política que en la campaña, al insinuarse el tema de la homosexualidad, sólo se aluda a varones y se siga manteniendo a las lesbianas en el limbo de la invisibilidad?).
Claro que cuando ese argumentario es utilizado por conspicuos representantes del PSN, con su secretario general a la cabeza, la cosa se tiñe de sainete. ¿Cómo se compadece el apoyo a la construcción con el eslogan de Zapatero de menos ladrillo? ¿Será porque en España, a diferencia de Navarra, hay una «sobreoferta de demanda» (sic) de vivienda? ¿Cómo calificar el apoyo entusiasta a unas medidas que pretenden frenar la caída del precio de la vivienda? ¿De dónde van a salir los ordenadores cuando se apoya la congelación del presupuesto educativo y el recorte del de la Universidad Pública? Se predica igualdad (rojo) frente a discriminación (azul), pero ¿no están las mujeres navarras discriminadas en sus posibilidades reales de ejercitar el derecho al aborto? ¿Quién lo consiente? Se predica servicios públicos (rojo) frente a negocios privados (azul), cuando el PSN está bendiciendo una gigantesca operación de externalización, privatización y deterioro de servicios públicos esenciales. Si el PSOE hace girar su campaña electoral sin pudor y con desenfado en torno al embuste, al PSN se le podría recitar aquel lema publicitario: «el azul es tu color».
Hay otras listas, hay otras posibilidades, la diversidad y la pluralidad son mucho mayores de lo que interesadamente se traslada desde el PSOE, el PP y muchos medios de comunicación tan jacobinos como ellos. Y, desde luego, el rojo de la campaña socialista, y su contenido, no están en el PSOE.
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03 mayo 2009
El Gobierno de Navarra, sus planes y las cifras de empleo
Que UPN no ha tenido realmente un proyecto económico para Navarra (más allá del engorde de determinadas rentas y beneficios, en su estilo cortijero y caciquil) es evidente. Que, quizá por eso, se ha dedicado a hacer una política económica irresponsable es, a estas alturas, una obviedad; sus desmanes pasaban sin mayor problema (y con el beneplácito de la otra pata parlamentaria del régimen, el PSN), sumergidos en la ola de la bonanza económica y el buen comportamiento de los ingresos. Que tales desmanes son muy regresivos, resultando en un debilitamiento del sistema de prestaciones sociales y perjudicando en mayor medida a las capas sociales más desfavorecidas, se empieza a ver ahora que la coyuntura es bien distinta y adversa. La intensa destrucción de empleo en los últimos meses tiene mucho que ver también con la ausencia de una política industrial digna de tal nombre, que ha relegado a Navarra a la categoría de región manufacturera, sin centros de decisión ni tecnológicos, dando lugar a la generación de empleos precarios y de mala calidad en instalaciones industriales que son meros talleres de montaje final.
Hasta aquí la historia reciente, como factor explicativo de la situación actual. Porque todos los gobiernos (ahí están las explicaciones de Rodríguez Zapatero) se escudan en la devastadora crisis mundial, que es innegable. Pero la intensidad y la forma en que afecta la crisis, así como sus consecuencias, no son invariables y dependen de las características y situación concreta de cada economía.
Lo patético ha venido después. Desatado el temporal, la actitud del Gobierno de UPN ha puesto de manifiesto que se carece tanto de ideas como de medios. El desconcierto parece ser la norma y cuando se les ocurre algo, suele ser tan elemental en su formulación y justificación que parece extraído de algún folleto de divulgación económica, hasta hacer de la actual política económica (en el supuesto de que merezca tal denominación) un extraño híbrido de keynesianismo ramplón y voluntarismo neocon.
Las acciones más llamativas son coyunturales y carecen de la necesaria reflexión sobre las bases estructurales de la crisis, además de ser discutibles en cuanto a sus efectos económicos, socialmente regresivas y seguramente innecesarias. Es el caso de las ayudas a la compra de automóviles o de televisores. El Plan Navarra 2012, por su parte, aporta escasas novedades y se limita a reunir en un mismo documento obras ya previstas y cuya responsabilidad en muchos casos ni siquiera corresponde al Gobierno de Navarra. El reciente plan de empleo, por último, consiste en subvencionar la precariedad laboral y la reducción de la calidad del empleo. Así que lo poco que se tiene para ofrecer se adoba en apariciones públicas con declaraciones extravagantes que parecen fundarse más en la histeria y el nerviosismo que en el sosiego que requiere un gobierno eficaz, hasta caer en la falta de respeto a la opinión pública. Citaré tres ejemplos.
El pasado 17 de marzo el consejero Miranda atribuyó al Plan Navarra 2012 la creación de 65.200 empleos en cuatro años (25.173 directos y 40.027 indirectos). En ese momento, el desempleo en Navarra afectaba a unas 38.000 personas. Es decir, que aunque el desempleo se despeñase por la más atroz de las pendientes, nadie podrá impedir el pleno empleo, gracias a la sagacidad y saber hacer del consejero Miranda, verdadero taumaturgo de la economía. Si, además, como ya se ha dicho, consideramos que dicho Plan apenas contempla alguna obra no prevista anteriormente, el prodigio se eleva a la categoría de milagro.
Por esas mismas fechas se presentó en el Parlamente el cuarto Plan de Empleo (firmado en febrero), un eufemismo para encubrir el regalo de casi 160 millones de euros a los sindicatos del régimen y a la CEN (es parte del precio de su apoyo a un gobierno de derechas, al que hay que sumar la medalla de oro de Navarra, la supeditación de la política de vivienda al clientelismo sindical o consentir el uso de los EREs para hacer limpieza ideológica en las empresas; ¿se ha parado alguien, antes de incurrir en semejante dispendio, en establecer la efectividad de los tres planes anteriores y el grado de cumplimiento de los objetivos en ellos previstos, si es que los había y se cuantificaron?). Con tal motivo, el consejero Roig dijo estar seguro de que el Plan situaría a Navarra en el pleno empleo (y además, con una mejora sustancial de la calidad del mismo).
El 21 de abril, se presentó un plan para fomentar el empleo (las denominaciones oficiales no son necesariamente descriptivas, sino las más de las veces volitivas, meras declaraciones de voluntad o de deseos más o menos ardientes). El consejero Roig, perseverante y contumaz en su optimismo infundado, le atribuyó la virtud de generar 10.000 empleos.
Echemos cuentas: el Navarra 2012, 65.200 empleos; el cuarto Plan de Empleo, pleno empleo; el plan de empleo, 10.000 empleos. ¿No habrán caído en la cuenta de que nos sobran 75.200 empleos? ¿Qué vamos a hacer con tanto empleo? Y de calidad. A mayor abundamiento, si con una de esas iniciativas se consigue el pleno empleo nos sobran las otras dos, con su coste correspondiente, que es de 4.533 millones. (Por no hablar de los 25.000 empleos que se quieren preservar cubriendo las pérdidas de los promotores de Guenduláin, al modesto coste de entre 90 y 200 millones). ¿De donde salen esos resultados? ¿Cómo se han obtenido? ¿Hablamos de cálculos económicos elaborados con procedimientos rigurosos o de meras ocurrencias para ofuscar al Parlamento o salir del paso en una rueda de prensa?
El baile de cifras, la desmesura de las previsiones, la desenvoltura con que se presentan las iniciativas, dan fe de la poca consideración que el Gobierno de Navarra tiene hacia la ciudadanía, a la que parece considerar capaz de tragar cualquier sapo y asumir cualquier despropósito. Si las cosas fueran bien no sería tan grave. Pero cuando el desempleo crece a un ritmo desenfrenado, cuando cada mes cientos de familias se enfrentan a sus devastadoras consecuencias y otros cientos más tiemblan ante las negras perspectivas que se abren en sus horizontes económicos y vitales, es una desvergüenza y una falta de respeto dignas de la más severa corrección. O bien todo esto no es más que un síntoma de incuria y estulticia. Que cada cual elija la hipótesis que considere más verosímil. ¿Qué tal una suscripción popular para comprar sendos ábacos a Miranda y Roig?
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14 noviembre 2008
Deflactan, luego cabalgamos
Gobierno de Navarra y PSN (esto es, el Movimiento, en versión foral y reseteada) anuncian con evidente autocomplacencia la deflactación (vaya palabro) de la tarifa del IRPF para 2009 en un 2,5%. No deja de sorprender la capacidad de Miranda para decir con toda naturalidad una cosa y la contraria en plazos de días, vendiéndolo, además, como idea propia. Lo hizo con los 400 euros, lo repitió con los Presupuestos Generales del Estado y lo vuelve a hacer ahora. Está claro que este hombre tiene futuro en UPN.
A lo que iba. ¿Qué están anunciando a bombo y platillo? Simplemente, que cumplen con su obligación de gobernar. Más o menos como si Miranda diera una rueda de prensa cada mes para dejar constancia de que ha firmado la nómina del personal de la Administración navarra. La medida acordada no significa reducir impuestos, sino dejarlos como están. Por el contrario, no deflactar la tarifa supone una subida (encubierta y, se presume, menos dolorosa) de impuestos. Luego lo que, en su caso, hubiera debido anunciarse es precisamente la renuncia a la deflactación. Demasiado a menudo da la sensación de que estos gobernantes consideran que las entendederas de la ciudadanía son escasas o que apechuga con cualquier tontería que se le pretenda encasquetar.
Pero el asunto aún da más de sí. En una nueva profesión de fe en su peculiar —por cutre, alpargatera y casposa— noción del keynesianismo, nos salen con que, magnánimos ellos, la reducción de la tarifa no se queda en la inflación prevista sino que añaden ¡un 0,5% más! a fin de aumentar la renta disponible de las familias «para que ahorren, consuman o paguen préstamos» (la cita quizá no sea literal, es lo que se recoge en la prensa, pero me da pudor no entrecomillarla, no sea que parezca mía). Es, dicen, «una nueva medida social». ¿Qué entenderá la gente del Movimiento por «social»? ¿Un sistema sólido de prestaciones sociales y solidaridad interpersonal? ¿Pagar un 0,5% menos de IRPF? Porque los sedicentes socialistas navarros están haciendo todo lo posible para que lo primero sea inviable…
Y es que lo del «regalo» del 0,5% suena a cachondeo, porque se basa en una inflación prevista para 2009 del 2%. De risa. ¿Apostaría Miranda su congeladísimo sueldo de lo que queda de legislatura a una inflación del 2% en 2009? ¿A que no? Porque no se cree esa cifra. Una nueva burla, dar a entender que hay un regalo adicional cuando es muy probable que la inflación esté en 2009 por encima de ese 2,5%. Miranda ha dejado claro este mismo año, con su propio sueldo, la seriedad con que se toma la cifra de inflación prevista.
De este paripé cabe extraer dos conclusiones: la primera, que el Gobierno de Navarra está paralizado, es incapaz de afrontar situaciones críticas y carece de propuestas distintas a las de asegurar el negocio a sus socios en la sombra de tantos años, sobre todo del mundo inmobiliario. La segunda, que necesitan dar pábulo al PSN para que parezca que tiene iniciativas y puede ser un socio eficaz. Ya sólo falta oficializar el noviazgo. A tal fin, si me permiten, propondría una denominación de síntesis para el Movimiento. La unión de UPN y PSN daba UPNPSN. Como el orden de los factores no altera el por otra parte indefinible producto, podemos escribir UPPNSN, esto es, U(PPN)SN. Dado que el PPN voló, lo que nos queda es USN ¿Que qué quieren decir esas siglas? Qué más da. Si hasta ahora no ha importado, no vamos a empezar a preocuparnos ahora…
02 noviembre 2008
Al César lo que es del César
Tiene razón Santiago Cervera en el artículo publicado el sábado uno de noviembre en Diario de Noticias. Al menos en el diagnóstico que hace del resultado de tantos años de gobierno de UPN y la generación de una auténtica casta de cazadores —término más apropiado que el de «buscadores»— de rentas, un entramado confuso de empresas, empresarios, profesionales, algunos de toda la vida, otros recién llegados, muy puestos en los entresijos del presupuesto y expertos en su ordeño eficaz, sistemático y exhaustivo. La mayoría ha medrado al calor de la obra pública, pero no es el único campo de juego y el de las prestaciones sociales también ha permitido negocios muy rentables y pingües beneficios. En demasiados casos no es aventurada la sospecha de que muchas iniciativas, ya sean de obras públicas, servicios sociales, política tecnológica o diseño urbano, se ponen en marcha no tanto por su aparente justificación económica, política o social, sino únicamente para alimentar esas «ventajas y parabienes» de que habla Cervera y que no siempre es fácil distinguir del puro saqueo. El gran problema es que este núcleo ha adquirido una fuerza considerable y se ha convertido en un agente activo de la política de Navarra. La alarma que se generó en su seno ya antes de las elecciones forales de 2007 y muchas actuaciones posteriores (entre las que destacan las del hostelero —¿confundirán algunos hoteles con pensiones?— maldito del PP) tienen mucho que ver con el desenlace del entuerto y el mantenimiento del statu quo. Se pasa así de una relación parasitaria a otra simbiótica. Para cerrar el círculo faltaba un simbionte, tan esencial como experto en esas lides. Ahí está la clave fundamental del revuelo de las últimas semanas, el cambio de pareja de UPN y el cabreo de Cervera.
Otra cosa es que meta en el mismo saco (seguramente para que no parezca que sólo arremete contra UPN) demandas sociales para satisfacer necesidades básicas. O que alardee de liberalismo, cuando estamos asistiendo al enésimo fracaso de la ensoñación liberal. O que, siendo tan consciente de la situación, sólo la haya denunciado cuando parece irle mal en UPN (por no decir que le han dado la patada). No lo hizo siendo consejero y mucho menos —todo lo contrario— lo hizo en la última campaña electoral.
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08 mayo 2008
La dura labor de oposición
Las elecciones de mayo de 2007 marcaron un hito significativo en el devenir político de Navarra. Aun manteniendo UPN la mayoría, los resultados permitían vislumbrar alternativas y un relevo en el liderazgo de la oposición. Bastaba que el PSN se olvidara de su tradicional política de obstrucción a cualquier alternativa a UPN para que fuera posible un gobierno progresista en Navarra.
Con todo, lo más significativo fue la emergencia —y como segunda fuerza— de Nafarroa Bai, una coalición de partidos que comparten una visión integradora y progresista de Navarra. Nafarroa Bai ha conseguido aglutinar buena parte de las esperanzas de cambio, constituyendo todo un fenómeno social y adquiriendo rápidamente entidad propia al sumar —sea cual sea el ámbito de referencia— bastante más que los partidos que la integran.
Pero hay una diferencia entre Nafarroa Bai y otras fuerzas políticas. Así como algunos partidos tienen —o presumen tener— un espacio considerado «propio» y que administran como una finca privada, el que obtuvo Nafarroa Bai no es una finca familiar, mucho menos de recreo. Es un usufructo, un préstamo de la ciudadanía que debe ser gestionado con esmero porque la sociedad espera que le sea devuelto mejorado, con réditos, y no aminorado por una mala administración o por haber sido, simplemente, dilapidado.
Ha pasado prácticamente un año desde las elecciones. Un período que se inicia con un verano traumático de negociaciones imposibles, con fundadas sospechas de que no llegarían a ningún sitio. Se hizo un buen papel y, creo, se estuvo a la altura de las circunstancias. Quedó bien claro que si finalmente no había gobierno progresista en Navarra no sería por culpa de Nafarroa Bai. Pero una vez las cosas establecidas «como Dios manda», «como debe ser», esto es, el orden natural de la derecha, tocaba ponerse a trabajar. Con el agravante u obstáculo de que el PSN mostraba su verdadera cara y se disponía a gobernar en férrea alianza con UPN. Nafarroa Bai quedaba, pues, como la oposición.
Decía Andreotti —tan pragmático y políticamente sabio como oscuro— que el poder desgasta a quien no lo tiene. La tarea de oposición es dura e ingrata. Pero es un trabajo que hay que hacer. Y no consiste simplemente en decir no a todo, ni en buscar las vueltas a lo que dice el Gobierno, ni en no querer «mojarse» en los temas relevantes, mucho menos en intentar quedar bien permanentemente ante la opinión pública (el «coste cero» de la acción política es un objetivo pernicioso). La tarea de oposición consiste, por el contrario, en escudriñar, averiguar, controlar, conocer los temas y proponer alternativas solventes (aun al coste de perder una virginidad política poco deseable en quien aspira a gobernar). Es la única vía para ganar credibilidad y poder presentarse ante la ciudadanía con réditos suficientes para demostrarle que ha hecho un buen negocio.
Francamente, yo no diría que el balance de este año es alentador. En el debate presupuestario, la presencia de Nafarroa Bai fue testimonial y se desaprovechó el caudal de ideas y proyectos que existen y que con tanto entusiasmo y trabajo se han ido elaborando. En el asunto del Consejo General de Caja Navarra faltó fluidez en las comunicaciones. Y en un tema tan sensible como el euskera, se falla a la ciudadanía clamorosa y flagrantemente. Que es una reforma menor, de acuerdo. Que ha faltado cortesía parlamentaria, de acuerdo. Queda por saber si de haber estado presentes todos los parlamentarios de Nafarroa Bai la reforma hubiera salido igualmente adelante. Pero Nafarroa Bai ha incumplido su contrato. Y no basta con pedir disculpas. Es hora ya de empezar a asumir responsabilidades, también personales.
Y ponerse a trabajar sin dilación en alternativas de gobierno y no en meras glosas de decisiones o proyectos del Gobierno (que van a contar, ya se sabe de antemano, con el respaldo de sus coaligados socialistas). En el momento actual el PSN sólo vota contra UPN cuando se ve acorralado por compromisos electorales que, por haber sido tan voceados, no admiten marcha atrás. Y, con todo, el grupo parlamentario socialista tiene la cintura y el cinismo necesarios para decir diego donde dijo digo, así que las posibilidades no son muchas. Seguramente hay que fortalecer hábitos internos de trabajo en común (no en compartimentos estancos que sólo consensúan conclusiones) e ir creando y consolidando grupos de discusión, reflexión y elaboración de propuestas, plurales en su composición y especializados en su objeto, para apuntalar el trabajo parlamentario.
Quedan tres años de legislatura. Seguramente la legislatura más trascendental a la que se vaya a enfrentar Nafarroa Bai en mucho tiempo. En nuestras manos está aprovecharlos. Cuando el elector deposita su voto en la urna, implícitamente está exigiendo que el destinatario del voto no le falle. No sé si hasta ahora se ha fallado al electorado y a la sociedad. Pero a partir de ahora es un lujo que no está al alcance de Nafarroa Bai.
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Etiquetas: Caja Navarra, elecciones 2007, euskera, Nafarroa Bai, Navarra, PSN, UPN
03 octubre 2007
La paradoja foral del voto
Como es sabido, el PSN en cuerpo de comunidad pasó por la humillación de ser abroncado sin contemplaciones por José Blanco, un leninista con hechuras blandas e inconsistentes de seminarista. En su exhibición entre arrogante y chulesca, aclaró el porvenir de la sufrida militancia del PSN: el que no esté contento que se vaya, porque el PSN hará lo que Ferraz quiera. También dejó claro que si fuera del PSN no se sabe si hay salvación, dentro seguro que no, al menos para socialistas de pro, porque la probabilidad de acordar gobiernos alternativos a UPN es prácticamente cero.
Con debates o sin ellos y al margen del enfado de buena parte de la militancia, la dirección del PSN ha seguido a lo suyo, lo que mejor sabe hacer, el acaparamiento de cargos con una voracidad sin límites, sin pararse en barras ni inmutarse en el siempre comprometido trance de decir diego donde dijo digo. El PSN se ha convertido en una eficaz máquina para que un exiguo grupito, firmemente instalado en sus engranajes clave, se gane tan ricamente el pan a costa del escarnio de sus votantes y el sudor de los contribuyentes (de vez en cuando se les escapa y lo expresan con crudeza: «tenemos que colocar a 200», oí decir hace poco).
Y se confirma, si alguna duda quedaba, la coalición UPN-PSN (y el agónico CDN, al que también se ha aparecido José Blanco en carne mortal), un engendro que pudiera antojarse extraño a observadores poco avezados y que la costumbre ha convertido en natural. Pero de tal coyunda no cabe esperar sino monstruos (y es, además, mercenaria, habrá que ver su coste presupuestario: Sanz invita y pagamos todos). La unión de un nacionalismo español autoritario y elemental y de un sedicente socialismo, descafeinado en las formas y desprovisto de armazón ideológico, conducen a lo que en otros lugares tendría una denominación altisonante (y siniestra); pero que en versión minimalista navarra, foral y española, es simplemente regionalsocialismo. Ni en la indignidad o la desvergüenza son capaces de dar la talla. Luego dirán que el tamaño no importa.
Cuando Sanz ya tenía pergeñado el pacto con Blanco, se permitió la osadía de lanzar la exigencia del decálogo que debía suscribir el PSN para que el entonces lehendakari en funciones aceptara la pesada carga de presidir el nuevo gobierno (vocación de servicio, que decían los ministros de Franco). Como un Moisés justamente enojado, reprendía con voz tonante y gesto airado a los descarriados que, habiendo perdido de vista a su munificente proveedor, se disponían a adorar el becerro de oro del cambio de gobierno. Entre las condiciones, el compromiso expreso de que el PSN no presentaría ni apoyaría ninguna moción de censura. Puras el Breve, candidato virtual (tercera acepción del DRAE: «que tiene existencia aparente y no real»), rechazó categóricamente tal pretensión. Entre otras cosas, significaba la renuncia a cualquier iniciativa política autónoma, a todo lo que no fuera bendecir las decisiones de UPN. Esto es, la condena de sus votantes al limbo, ese lugar de tránsito para almas no iniciadas, que hasta para los católicos carece ya de tangibilidad.
Pero hace unos días nos enteramos por el propio Sanz (su locuacidad e incontinencia no tienen precio) que hay un compromiso para asegurar la estabilidad del gobierno. Eso sí, gracias a un cambio de posición del PSN-PSOE, porque él, dice, no se ha movido un milímetro y, sobre todo, no piensa hacerlo. O sea, va a hacer lo que le venga en gana con la seguridad de que el PSN dirá amén a todo. La humillación es ya completa. A la bronca del padre («hay que saber aguantarse») se añade la colleja del padrino. Algún concejal del PSN proclive a mesarse los cabellos a cada barrabasada de sus conmilitones, llegará pelón al final de la legislatura.
Prueba fehaciente de cuanto antecede (la coalición UPN-PSN y la enfermiza propensión al acaparamiento de cargos) es lo ocurrido en la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona. Torrens corre a negociar para sí la presidencia —siendo el cuarto grupo, que tome nota José Blanco— tras pactar con UPN el apoyo (o la no oposición, qué mas da, Barcina respira al fin tranquila) en el Ayuntamiento de Pamplona. Otra renuncia, otro jirón de dignidad —si es que alguno quedaba— perdido por los rincones de los salones del poder, a sabiendas de que UPN manifiesta una y otra vez que no cederá en nada. Hay una relación entre los dos partidos que tiene todos los ingredientes del sadomasoquismo: UPN castiga y el PSN acepta con mal disimulada complacencia los correctivos. Para colmo, las pocas iniciativas que exhibe el PSN en el Parlamento (y que UPN se apresura a rechazar) consisten en medidas acordadas durante las malhadadas negociaciones con Nafarroa Bai e IUN: hipocresía, mala fe, afán de engañar.
Así que cuando Chivite, Felones o algún otro salen hablando de oposición contundente, de condicionar la acción del gobierno, de realizar su programa electoral y zarandajas de parecido cariz, queda la duda de si es para salvar la cara y salir del apuro con la menor indignidad posible, o consideran a los ciudadanos incapaces y susceptibles de manipulación en cualquier grado; la hipótesis de que se crean ese discurso no es creíble. Hay en román paladino abundantes expresiones, a cual más recia, para expresar lo acontecido; en casi todas intervienen los pantalones (el habla popular sigue siendo sexista), ciertas antifonales partes y alguna variante más o menos expeditiva del pecado nefando.
En Economía se estudia un caso conocido como la paradoja del voto, que muestra que los mecanismos de votación pueden llevar a resultados no deseados por la mayoría, dependiendo, por ejemplo, del orden en que se presenten las alternativas a los votantes (las preferencias expresadas colectivamente no son transitivas, aunque lo sean las de los individuos). También en Navarra tenemos nuestra propia paradoja foral del voto, que podemos expresar en forma de silogismo: votar PSN es votar UPN (la apabullante evidencia empírica avala la solvencia de esta premisa). Votar UPN es votar PP (aunque sus diputados engrosen el Grupo Canario). Por tanto (y me adelanto a la monserga del voto útil que seguro esgrimirán los socialistas en Navarra) cualquier voto al PSN es un voto para Rajoy. Así pues, en Navarra es imposible votar a Zapatero. Para otra ocasión queda dilucidar si Zapatero es un digno destinatario, al menos en Navarra, del voto progresista decente.
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Etiquetas: José Blanco, Navarra, PSN, UPN
08 agosto 2007
PPSOE, UPSN: debitum sexum?
Quod natura non dat Salamanticam non praestat. Así dice el aforismo, recogiendo una idea de sentido común y validez general... salvo en Navarra, donde debe ser adaptado y hasta rebatido o contradicho para expresar adecuadamente su realidad política: lo que las urnas no dan Ferraz lo presta, en el que quizá sea el mayor fiasco político que se haya dado en Navarra en los últimos treinta años; y eso que se puede exhibir un abultado muestrario. Como suele ser habitual, el protagonista es el PSN. Más bien sus dirigentes, porque la militancia ha dado una lección de dignidad, coherencia (Dios, que buen vassalo si ouesse buen sennor!) y ahora resignación. Algo le pasa a ese partido —experto en captar voto de izquierdas para entregar el poder a la derecha— porque desde las trapazas de Urralburu no deja de pifiarla una y otra vez. Cuando el electorado parece haber olvidado, perdonado o, al menos, superado la última, la vuelven a hacer. Curiosamente, los sucesivos protagonistas han ido a parar, en su mayor parte, a la cárcel o —de hecho o de derecho— a UPN.
La última, la alianza UPN-PSN (ahí andarán a la greña socialistas y convergentes toda la legislatura por ver quién se lleva los caramelos y se queda como bisagra), arrumbados como si nunca hubieran existido el «decálogo» de Sanz o las condiciones de Chivite para el pacto (la palabra de José Blanco es ahora suficiente para Sanz). Por supuesto, cada partido es libre de pactar y ayuntar sus votos y escaños con quien le parezca, aun a costa de alterar o contradecir flagrantemente los mensajes preelectorales.
Ahora bien, la manera como se ha llegado a la actual situación muestra, contradiciendo el chovinismo casposo y sucursalista de UPN (Navarra siempre p’alante, así se estrelle) o el engolamiento tecnocrático del PSN, que ni uno ni otro tiene capacidad de decisión sobre Navarra, convertida en juguete de intereses espurios, objeto de un peloteo desganado, como si los jugadores estuvieran —están— en otra cosa. Desde hace mucho se alimenta la autoestima de los navarros con el mito de que Navarra es una cuestión de Estado. Y se repite tanto que se asume con naturalidad como un dato. Lo ocurrido los últimos meses prueba que, lejos de eso, Navarra no es más que un instrumento cómodo para conseguir otros fines, porque si se pierde el envite el coste es reducido.
Muestra también la contumacia de Zapatero en gobernar según encuestas y sondeos, un vicio poco recomendable en política porque lleva a olvidarse de los principios y aboca a un pragmatismo desmedido. La primera consecuencia en el tema que nos ocupa —enésimo ejemplo de lo poco que cuenta Navarra en Madrid— es que el voto de un navarro (especialmente si va al PSOE) se valora mucho menos que el de un extremeño, un castellano o un murciano. Menos que esos votos que —dicen— perdería el PSOE en la España profunda si se aliara con Nafarroa Bai, votos de la manipulación, la mentira y la ignorancia. La segunda consecuencia es que Zapatero se echa en brazos —o se acerca un poco más— a ese sector del PSOE jacobino, nacionalista (español), y con un ramalazo autoritario y rancio, tan bien representado por gentes como Bono, Rodríguez Ibarra, Vázquez y hasta Guerra. Queda ya poco de ese Zapatero que llegó al Gobierno («no nos falles», le decían) cabalgando una ola de indignación pero también de convicción, dada la situación de auténtica emergencia democrática a que abocó el gobierno de Aznar. Además, los sondeos que tanto mira Zapatero muestran que entrar en el discurso mentiroso y manipulador del PP y actuar a la defensiva, justificándose continuamente en lugar de hacer pedagogía política, es una estrategia perdedora. De hecho, sólo han sido capaces de conseguir una ventaja de tres puntos (que se puede esfumar en cualquier momento), a pesar de algunos logros sociales y un panorama macroeconómico inmejorable (crecimiento, desempleo, inflación; otra cosa es lo que sale cuando se rasca en las cifras). Pero nadie en el PSOE se escandaliza ni responde a las impúdicas y vergonzosas declaraciones de San Gil a costa de Navarra en su rentrée política (contra lo que pueda parecer, quien más se inmiscuye desde la Comunidad Autónoma Vasca en los asuntos de Navarra es el PP que, para colmo, insiste en equipararla con Álava: la cuarta provincia que decía Sanz, es una realidad para el PP y el diktat llega no pocas veces desde Vitoria).
En Navarra hay un acuerdo, explícito o tácito, entre UPN y PSN para dejar fuera de cualquier cargo a Nafarroa Bai, con la justificación de una supuesta deslealtad institucional. Tanta pureza democrática parece ocultar únicamente miedo. Miedo a que si Nafarroa Bai asume responsabilidades de gobierno, se evidencie capacidad de gestión y un proyecto alternativo sin que, para colmo, pase nada. Porque la única fuerza política que, hoy por hoy, defiende la identidad de Navarra y pretende profundizar su autogobierno (su capacidad de decisión) es Nafarroa Bai. Así, unos y otros se quedarían sin coartada ideológica y, quizá, sin parte de sus votantes. El precio de esa actitud es el deterioro de la calidad de la democracia: se puede votar a Nafarroa Bai, pero no sirve de nada, porque para ello ya se apañan alianzas imposibles. Tampoco hay que sorprenderse mucho, cuando hay opciones a las que no es posible votar, la monarquía sigue siendo intocable y hasta se secuestran semanarios o se persiguen periódicos por ironizar sobre noticias nunca desmentidas.
Para el PP, que no oculta su alegría por una victoria más de su política de miedo y chantaje, es el triunfo de los que defienden España. Triste España la suya, que sólo puede mantenerse unida por la fuerza o desnaturalizando la democracia. Han optado por el palo en lugar de la convicción («venceréis, pero no convenceréis») y el PSOE se ha sumado obedientemente a esa estrategia. A mayor abundamiento, queda la sospecha de que el PSOE renunció a forzar unas nuevas elecciones (posibilidad que se barajó en algún momento) precisamente porque los sondeos mostraban que UPN no obtenía la mayoría absoluta.
Una de las imágenes de la campaña electoral del PSN presentaba a Puras aplaudido por Zapatero y el lema «el cambio que Navarra se merece». Ahora queda claro qué es lo que, para el PSOE, nos merecemos. En el siglo XVIII los moralistas distinguían entre la sodomía y la bestialidad, porque la primera era accessus ad non debitum sexum y la segunda concubitus cum individuo alterius speciei. ¿A cuál de ellas corresponderá el engendro UPSN? ¿O nos estaremos dejando engañar por las apariencias y no será más que debitum sexum?
(Diario de Noticias, 8 de agosto de 2007)
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Etiquetas: Caja Navarra, Nafarroa Bai, PSN, UPN
20 julio 2007
PSN: déjà vu?
Lo ocurrido desde el 27 de mayo muestra con toda claridad que el PSN no ha aprendido —diríase que no ha querido aprender— nada de su propia historia. O, quizá, sólo quiere saber hasta dónde puede llegar —hasta dónde puede caer— tensando la discrepancia entre votantes y dirigentes, a menudo más interesados en salvaguardar beneficios y prebendas que en construir una alternativa de gobierno. Los resultados del último congreso así lo corroboraron, al forzarse un cambio en la dirección para frenar la disposición favorable del anterior equipo a entenderse con otras fuerzas progresistas. El PSN de Chivite carecía —carece— de vocación de gobierno y su único fin era conseguir el número de escaños suficiente para evitar cualquier mayoría alternativa a UPN. La intervención de la dirección federal del PSOE para evitar que Chivite fuera candidato pretendía precisamente corregir esa situación y el propio discurso del candidato Puras, así como los lemas electorales, parecían indicar un cambio. Con todo, el mal ya estaba hecho, la desconfianza se extendía y pasó lo que tenía que pasar: a fuerza de querer no ser los primeros han terminado —cumpliendo el objetivo primordial, hay que reconocerlo— por ser los terceros (y esto no ha hecho más que empezar).
Pasadas las elecciones, la coyuntura política cambia drásticamente en Madrid. ETA anuncia el fin de la tregua, quizá no por casualidad en el momento en que más podía perjudicar a Nafarroa Bai. Al mismo tiempo, Rajoy y Zapatero se embarcan en un vergonzoso chalaneo
(«Cambalache: ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!», dice el tango y dice bien) a costa de Navarra en el que, para colmo, la torpeza del presidente no tiene parangón y el PP se mofa de él cambiando una y otra vez los términos de la negociación. Rajoy promete inicialmente moderación a cambio de Navarra y Zapatero accede, aunque «lo que le pide el cuerpo» es propiciar un gobierno alternativo. Navarra termina reducida para ellos a un puro proceso fisiológico, tal vez intestinal (la aportación de José Blanco está siendo inestimable). A pesar de todo, el PP no cambia un ápice —no puede, es lo único que sabe hacer— su estrategia de siempre, y se dedica a preparar el terreno para cuando se produzca ese atentado que todo el mundo está esperando. Digan lo que digan en UPN, se trata de una partida que se juega en Madrid en la que Navarra es sólo una arma arrojadiza sin nada que ver con lo que realmente se ventila y en la que los intereses de Navarra no sólo no se tienen en cuenta, sino que son conculcados flagrantemente. A tal punto llega la cosa que, por lo que se dice, el PP ha vetado iniciativas de UPN para llegar a un acuerdo con el PSN.
¿Qué ha sido de toda esa verborrea de los últimos meses? ¿Quién defiende realmente los intereses de Navarra y quién los quebranta? ¿No será el verdadero enemigo de la identidad institucional de Navarra (de que Navarra siga siendo Navarra) quien, como UPN-PP, se está ocupando de destrozar la autonomía de Navarra en unos tribunales bien domesticados? ¿O quien, como el PSOE, fía su actuación en Navarra al albur de unas elecciones generales a un año vista, desanimando y engañando a sus propios votantes? Sanz, por su parte, hace lo que puede, añadiendo a su infinito anecdotario una muestra más de la profundidad de sus convicciones democráticas: pretende ahora que se debe excluir sine díe, no ya del Gobierno, sino de cualquier cargo institucional, a la segunda fuerza política de Navarra. Es propio de demócratas intentar torcer la voluntad de los electores con maniobras pre o postelectorales o quejarse de las reglas del juego cuando ya no convienen. Habría que ver en qué pararía el partido del lehendakari en funciones si se le aplicara a rajatabla el fundamentalismo constitucional que profesa el PP (con la misma adhesión inquebrantable que en su día profesaron por principios fundamentales de movimientos inmutables).
El PSN, por su parte, aprovecha la coyuntura volviendo por sus fueros. Recuerda muchos episodios de la época de Urralburu, cuando se exhibía una voracidad desmedida por la acumulación de cargos sin ninguna justificación ideológica o política, y que parecía responder más a ambiciones individuales que a estrategias de gobierno (¿prebendas y honores compensan la indignidad política? Elena Torres tendrá, seguro, la respuesta). Lo que pasó después es de sobra conocido y sirvió para que UPN hiciera de Navarra su cortijo y Sanz mantuviera firmemente las riendas del PSN. Baste recordar la forma en que cayó el gobierno de Otano y los motivos reales de la maniobra. Quién sabe si ahora no se estará representando el mismo sainete, cada uno sabrá hasta dónde es vulnerable.
Es de sobra conocido que Puras no está donde está por sus dotes políticas o su brillantez negociadora. Está porque no generaba rechazos frontales: podía ser aceptado por Madrid sin incomodar demasiado a la dirección de Navarra. Pero su impasibilidad y cinismo al comentar idas y venidas, propuestas de negociación o la composición del gobierno, suscitan alguna alarma sobre sus dotes para la refriega política. A no ser que esté cometiendo un error que cualquier buen estratega debe evitar: minusvalorar, en la negociación o en el enfrentamiento, al socio o al adversario. Por no hablar de esa actitud que pretende ser equidistante entre la derecha y la izquierda, como si fuera el independiente perfecto, una suerte de «hombre bueno», capaz de traer el equilibrio a nuestro convulso panorama político y la paz a nuestros atribulados corazones.
Tanto devaneo, tanta vuelta y revuelta llevan a una única conclusión: salvo que en Madrid se diga otra cosa, el PSN hará lo posible porque no haya pacto de Gobierno progresista. Hasta Sanz está actuando con más coherencia. Y el PSN debería reflexionar si, como dice el lehendakari en funciones, sus programas coinciden en más de un noventa por ciento. Así las cosas, seguramente la única opción sea la repetición de las elecciones. Quizá a costa de la mayoría absoluta para UPN; pero servirían, al menos, para situar a cada uno, y especialmente el voto progresista y de izquierdas, donde corresponde.
La estomagante sensación de déjà vu que lo invade todo acrecienta la convicción de que con ANV o sin ella en el Ayuntamiento de Pamplona, el PSN nunca hubiera votado a Uxue Barkos, sino a su cabeza de lista, emulando la trampa de Balduz, que parece haberse convertido en
paradigma de lo que ese partido entiende por alta política. El resultado, simplemente que Barcina tendría hoy que dirigir su gratitud a Torrens en lugar de a ETA.
(Diario de Noticias, 20 de julio de 2007)
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Etiquetas: elecciones 2007, Nafarroa Bai, Navarra, PSN, UPN
07 junio 2007
El buhonero Rajoy y sus trapicheos
A punto estuvo nuestro lehendakari en funciones de quedarse sin voz, clamando contra la venta de Navarra o para evitar que Navarra fuese moneda de cambio. La derecha, quizá por afinidad, ha demostrado su aprovechamiento del magisterio de Goebbels, dedicando su mucha
pericia a la fabricación de artefactos con los que atacar al gobierno y acceder de nuevo a un poder del que se considera dueña natural. La mencionada venta de Navarra es un buen ejemplo, al igual que la ruptura de España a cuenta del Estatut , o la teoría de la conspiración , una y otra vez desmentida en las sesiones del juicio por el 11-M, sin que a nadie se le pase por la cabeza rectificación alguna o pedir disculpas por el vilipendio que han sufrido las víctimas.
Lo que son las cosas (arrieros todos al fin), apenas unas horas después de conocerse los resultados de las elecciones, Rajoy —cada vez más metido en su papel de duque de Alba— se dedicaba ya a usar Navarra, no ya como moneda sino como un cromo en un cambalache de patio de colegio: yo te doy Canarias, tú me das Navarra. Después de juntar unos miles de personas para gritar, entre otras cosas, que Navarra no se vende (o lindezas como esto es España y al que no le guste que se vaya), suena más bien a fraude. A lo mejor la costumbre de pertenecer al grupo parlamentario canario les lleva a mezclar churras con merinas y confundir territorios fiscales.
Usan Navarra como arma arrojadiza en sus obsesivas trapazas anti Zapatero, devaluándola (y devaluándonos) hasta extremos a los que sólo el capricho de los números pone coto (nada puede perder más del 100% de su valor), para escarnio e indignación —supongo— de tantos militantes y votantes de UPN que creyeron el discurso tremendista y votaron el 27 de mayo pensando que se ventilaba algo más que la permanencia de la derecha en el poder y el cambio político (no es que hayan cogido cariño a los cargos, beneficios, canonjías y prebendas, es que parecen haberse fundido con ellos, hasta considerarlos parte de su esencia —aquello por lo que una cosa es lo que es, que diría Aquino—).
En el colmo de la humillación para UPN y, sobre todo, para Navarra, el presidente del PP se pone a discutir nuestro futuro con el PSOE, primero a través de la prensa y después en el Congreso, pero siempre en Madrid; porque no se olvide que no ha sido Sanz quien, en un ejercicio más de su acreditado y acrisolado patriotismo, ha ofrecido el sacrificio de Navarra en el altar de la grandeza de España, sino Rajoy. Ignorando olímpicamente, por cierto, a Coalición Canaria, su antigua (y, al parecer, próxima) aliada: sería bueno tomar nota del sentido de la lealtad que se practica en el PP.
Que la palabra escrúpulos no está en el diccionario de Sanz (de la misma forma que reyno no está en el de la Academia) es cosa sabida, por reiterada. Pero que hayan tardado —él y Rajoy— tan poco en mostrar su verdadera cara asombra, porque hasta del más cínico se espera que
guarde las formas. La expresión de Rajoy ha sido, en este sentido, ilustrativa, puro franquismo sociológico: espera que en Navarra suceda lo que ha ocurrido siempre (y si no, manifestación, habrá que añadir). También dijo en su día que «Navarra será lo que los navarros y el resto de los españoles quieran»; la matización no es inocente. Y si no, hagan cuentas: según los datos oficiales, la población de Navarra es el 1,35% de la española. Lo que significa que, de hecho, Rajoy está diciendo que Navarra será «lo que el resto de los españoles quieran». Y se demuestra día a día. El mismo Acebes se ha dignado a dar la venia a UPN, al declarar que este partido «tiene toda la confianza del PP» para negociar: esto va adquiriendo tintes de sucursalismo bananero.
Los ejemplos se han sucedido la pasada semana y seguirán apareciendo perlas de calibre y calidad crecientes, a medida que se aproximen los momentos decisivos y —esperemos— se vayan difuminando las esperanzas de la derecha en la eficacia de sus chantajes. En el colmo de la incongruencia, ahora resulta que para Rajoy lo natural es un gobierno UPN-PSN, cuando hasta hace bien poco lo hubiera considerado contra natura, pecado nefando merecedor de todos los anatemas. Por supuesto, añade, si el PSN gobierna con Nafarroa Bai, significará que detrás hay un pacto. ¡Acabáramos! Es que de eso se trata, y sería deseable que, de darse el caso, se haga con transparencia. Aunque tal como lo ha formulado Rajoy suena igual que aquello que le dijo a Zapatero: «Si usted no cumple le pondrán bombas y, si no hay bombas, es porque ha
cedido». Manipulador y obsceno.
Elorriaga también ha aportado su granito de arena en esta feria del disparate, al afirmar que la voluntad del PP es llegar a acuerdos con partidos cuyas ideas y programas sean afines, evitando pactos extravagantes. Ahora resulta que UPN y PSN persiguen los mismos fines; que el pacto
de fuerzas progresistas para gobernar es extravagante , y no lo es un pacto entre un partido conservador y el PSN, cuyo único fundamento sería una supuesta amenaza inventada por la derecha precisamente para poner en el brete a los socialistas. Porque para Elorriaga el principal problema de Navarra es la presión del nacionalismo vasco y no el estado en que UPN deja la sanidad (la peor valorada), la educación, las desigualdades sociales o el fuero. Hay algo que nubla el entendimiento de estas gentes; esperemos que no sea contagioso.
UPN ha generado en estos años un clima de enfrentamiento civil entre navarros, siguiendo la estela del PP en Madrid, simplemente para mantenerse en el poder, renunciando a la pedagogía política. La consecuencia es visible en el mapa de Navarra a poco que se analicen los
resultados: hay una fractura que no sólo es política o social, sino espacial, alimentada por UPN en una estrategia insensata para consolidar los votos en el sur. El PSN tiene la oportunidad de frenar ese proceso —y, de paso, de asegurar su supervivencia política y organizativa— contribuyendo a la cohesión territorial de Navarra y convenciendo a los ciudadanos —el movimiento se demuestra andando— de que las mentiras vienen todas del mismo sitio y de que el cambio no sólo es posible, sino deseable.
En enero de este año Rajoy —erigiéndose una vez más en mercachifle de los intereses de Navarra— dijo a Zapatero en el Congreso: «No está en sus manos torcer la voluntad de los navarros». Esperemos que así sea. Pero no se olvide que quien eso dice busca a su vez hacerlo, con mentiras y manipulaciones.
(Diario de Noticias, 7 de junio de 2007)
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