Para abrir boca

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08 mayo 2008

La dura labor de oposición

Las elecciones de mayo de 2007 marcaron un hito significativo en el devenir político de Navarra. Aun manteniendo UPN la mayoría, los resultados permitían vislumbrar alternativas y un relevo en el liderazgo de la oposición. Bastaba que el PSN se olvidara de su tradicional política de obstrucción a cualquier alternativa a UPN para que fuera posible un gobierno progresista en Navarra.

Con todo, lo más significativo fue la emergencia —y como segunda fuerza— de Nafarroa Bai, una coalición de partidos que comparten una visión integradora y progresista de Navarra. Nafarroa Bai ha conseguido aglutinar buena parte de las esperanzas de cambio, constituyendo todo un fenómeno social y adquiriendo rápidamente entidad propia al sumar —sea cual sea el ámbito de referencia— bastante más que los partidos que la integran.

Pero hay una diferencia entre Nafarroa Bai y otras fuerzas políticas. Así como algunos partidos tienen —o presumen tener— un espacio considerado «propio» y que administran como una finca privada, el que obtuvo Nafarroa Bai no es una finca familiar, mucho menos de recreo. Es un usufructo, un préstamo de la ciudadanía que debe ser gestionado con esmero porque la sociedad espera que le sea devuelto mejorado, con réditos, y no aminorado por una mala administración o por haber sido, simplemente, dilapidado.

Ha pasado prácticamente un año desde las elecciones. Un período que se inicia con un verano traumático de negociaciones imposibles, con fundadas sospechas de que no llegarían a ningún sitio. Se hizo un buen papel y, creo, se estuvo a la altura de las circunstancias. Quedó bien claro que si finalmente no había gobierno progresista en Navarra no sería por culpa de Nafarroa Bai. Pero una vez las cosas establecidas «como Dios manda», «como debe ser», esto es, el orden natural de la derecha, tocaba ponerse a trabajar. Con el agravante u obstáculo de que el PSN mostraba su verdadera cara y se disponía a gobernar en férrea alianza con UPN. Nafarroa Bai quedaba, pues, como la oposición.

Decía Andreotti —tan pragmático y políticamente sabio como oscuro— que el poder desgasta a quien no lo tiene. La tarea de oposición es dura e ingrata. Pero es un trabajo que hay que hacer. Y no consiste simplemente en decir no a todo, ni en buscar las vueltas a lo que dice el Gobierno, ni en no querer
«mojarse» en los temas relevantes, mucho menos en intentar quedar bien permanentemente ante la opinión pública (el «coste cero» de la acción política es un objetivo pernicioso). La tarea de oposición consiste, por el contrario, en escudriñar, averiguar, controlar, conocer los temas y proponer alternativas solventes (aun al coste de perder una virginidad política poco deseable en quien aspira a gobernar). Es la única vía para ganar credibilidad y poder presentarse ante la ciudadanía con réditos suficientes para demostrarle que ha hecho un buen negocio.

Francamente, yo no diría que el balance de este año es alentador. En el debate presupuestario, la presencia de Nafarroa Bai fue testimonial y se desaprovechó el caudal de ideas y proyectos que existen y que con tanto entusiasmo y trabajo se han ido elaborando. En el asunto del Consejo General de Caja Navarra faltó fluidez en las comunicaciones. Y en un tema tan sensible como el euskera, se falla a la ciudadanía clamorosa y flagrantemente. Que es una reforma menor, de acuerdo. Que ha faltado cortesía parlamentaria, de acuerdo. Queda por saber si de haber estado presentes todos los parlamentarios de Nafarroa Bai la reforma hubiera salido igualmente adelante. Pero Nafarroa Bai ha incumplido su contrato. Y no basta con pedir disculpas. Es hora ya de empezar a asumir responsabilidades, también personales.

Y ponerse a trabajar sin dilación en alternativas de gobierno y no en meras glosas de decisiones o proyectos del Gobierno (que van a contar, ya se sabe de antemano, con el respaldo de sus coaligados socialistas). En el momento actual el PSN sólo vota contra UPN cuando se ve acorralado por compromisos electorales que, por haber sido tan voceados, no admiten marcha atrás. Y, con todo, el grupo parlamentario socialista tiene la cintura y el cinismo necesarios para decir diego donde dijo digo, así que las posibilidades no son muchas. Seguramente hay que fortalecer hábitos internos de trabajo en común (no en compartimentos estancos que sólo consensúan conclusiones) e ir creando y consolidando grupos de discusión, reflexión y elaboración de propuestas, plurales en su composición y especializados en su objeto, para apuntalar el trabajo parlamentario.

Quedan tres años de legislatura. Seguramente la legislatura más trascendental a la que se vaya a enfrentar Nafarroa Bai en mucho tiempo. En nuestras manos está aprovecharlos. Cuando el elector deposita su voto en la urna, implícitamente está exigiendo que el destinatario del voto no le falle. No sé si hasta ahora se ha fallado al electorado y a la sociedad. Pero a partir de ahora es un lujo que no está al alcance de Nafarroa Bai.

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20 julio 2007

PSN: déjà vu?

Lo ocurrido desde el 27 de mayo muestra con toda claridad que el PSN no ha aprendido —diríase que no ha querido aprender— nada de su propia historia. O, quizá, sólo quiere saber hasta dónde puede llegar —hasta dónde puede caer— tensando la discrepancia entre votantes y dirigentes, a menudo más interesados en salvaguardar beneficios y prebendas que en construir una alternativa de gobierno. Los resultados del último congreso así lo corroboraron, al forzarse un cambio en la dirección para frenar la disposición favorable del anterior equipo a entenderse con otras fuerzas progresistas. El PSN de Chivite carecía —carece— de vocación de gobierno y su único fin era conseguir el número de escaños suficiente para evitar cualquier mayoría alternativa a UPN. La intervención de la dirección federal del PSOE para evitar que Chivite fuera candidato pretendía precisamente corregir esa situación y el propio discurso del candidato Puras, así como los lemas electorales, parecían indicar un cambio. Con todo, el mal ya estaba hecho, la desconfianza se extendía y pasó lo que tenía que pasar: a fuerza de querer no ser los primeros han terminado —cumpliendo el objetivo primordial, hay que reconocerlo— por ser los terceros (y esto no ha hecho más que empezar).

Pasadas las elecciones, la coyuntura política cambia drásticamente en Madrid. ETA anuncia el fin de la tregua, quizá no por casualidad en el momento en que más podía perjudicar a Nafarroa Bai. Al mismo tiempo, Rajoy y Zapatero se embarcan en un vergonzoso chalaneo
(«Cambalache: ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!», dice el tango y dice bien) a costa de Navarra en el que, para colmo, la torpeza del presidente no tiene parangón y el PP se mofa de él cambiando una y otra vez los términos de la negociación. Rajoy promete inicialmente moderación a cambio de Navarra y Zapatero accede, aunque «lo que le pide el cuerpo» es propiciar un gobierno alternativo. Navarra termina reducida para ellos a un puro proceso fisiológico, tal vez intestinal (la aportación de José Blanco está siendo inestimable). A pesar de todo, el PP no cambia un ápice —no puede, es lo único que sabe hacer— su estrategia de siempre, y se dedica a preparar el terreno para cuando se produzca ese atentado que todo el mundo está esperando. Digan lo que digan en UPN, se trata de una partida que se juega en Madrid en la que Navarra es sólo una arma arrojadiza sin nada que ver con lo que realmente se ventila y en la que los intereses de Navarra no sólo no se tienen en cuenta, sino que son conculcados flagrantemente. A tal punto llega la cosa que, por lo que se dice, el PP ha vetado iniciativas de UPN para llegar a un acuerdo con el PSN.

¿Qué ha sido de toda esa verborrea de los últimos meses? ¿Quién defiende realmente los intereses de Navarra y quién los quebranta? ¿No será el verdadero enemigo de la identidad institucional de Navarra (de que Navarra siga siendo Navarra) quien, como UPN-PP, se está ocupando de destrozar la autonomía de Navarra en unos tribunales bien domesticados? ¿O quien, como el PSOE, fía su actuación en Navarra al albur de unas elecciones generales a un año vista, desanimando y engañando a sus propios votantes? Sanz, por su parte, hace lo que puede, añadiendo a su infinito anecdotario una muestra más de la profundidad de sus convicciones democráticas: pretende ahora que se debe excluir sine díe, no ya del Gobierno, sino de cualquier cargo institucional, a la segunda fuerza política de Navarra. Es propio de demócratas intentar torcer la voluntad de los electores con maniobras pre o postelectorales o quejarse de las reglas del juego cuando ya no convienen. Habría que ver en qué pararía el partido del lehendakari en funciones si se le aplicara a rajatabla el fundamentalismo constitucional que profesa el PP (con la misma adhesión inquebrantable que en su día profesaron por principios fundamentales de movimientos inmutables).

El PSN, por su parte, aprovecha la coyuntura volviendo por sus fueros. Recuerda muchos episodios de la época de Urralburu, cuando se exhibía una voracidad desmedida por la acumulación de cargos sin ninguna justificación ideológica o política, y que parecía responder más a ambiciones individuales que a estrategias de gobierno (¿prebendas y honores compensan la indignidad política? Elena Torres tendrá, seguro, la respuesta). Lo que pasó después es de sobra conocido y sirvió para que UPN hiciera de Navarra su cortijo y Sanz mantuviera firmemente las riendas del PSN. Baste recordar la forma en que cayó el gobierno de Otano y los motivos reales de la maniobra. Quién sabe si ahora no se estará representando el mismo sainete, cada uno sabrá hasta dónde es vulnerable.

Es de sobra conocido que Puras no está donde está por sus dotes políticas o su brillantez negociadora. Está porque no generaba rechazos frontales: podía ser aceptado por Madrid sin incomodar demasiado a la dirección de Navarra. Pero su impasibilidad y cinismo al comentar idas y venidas, propuestas de negociación o la composición del gobierno, suscitan alguna alarma sobre sus dotes para la refriega política. A no ser que esté cometiendo un error que cualquier buen estratega debe evitar: minusvalorar, en la negociación o en el enfrentamiento, al socio o al adversario. Por no hablar de esa actitud que pretende ser equidistante entre la derecha y la izquierda, como si fuera el independiente perfecto, una suerte de «hombre bueno», capaz de traer el equilibrio a nuestro convulso panorama político y la paz a nuestros atribulados corazones.

Tanto devaneo, tanta vuelta y revuelta llevan a una única conclusión: salvo que en Madrid se diga otra cosa, el PSN hará lo posible porque no haya pacto de Gobierno progresista. Hasta Sanz está actuando con más coherencia. Y el PSN debería reflexionar si, como dice el lehendakari en funciones, sus programas coinciden en más de un noventa por ciento. Así las cosas, seguramente la única opción sea la repetición de las elecciones. Quizá a costa de la mayoría absoluta para UPN; pero servirían, al menos, para situar a cada uno, y especialmente el voto progresista y de izquierdas, donde corresponde.

La estomagante sensación de déjà vu que lo invade todo acrecienta la convicción de que con ANV o sin ella en el Ayuntamiento de Pamplona, el PSN nunca hubiera votado a Uxue Barkos, sino a su cabeza de lista, emulando la trampa de Balduz, que parece haberse convertido en
paradigma de lo que ese partido entiende por alta política. El resultado, simplemente que Barcina tendría hoy que dirigir su gratitud a Torrens en lugar de a ETA.

(Diario de Noticias, 20 de julio de 2007)

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15 junio 2007

Cambalache: ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!

Después de tanto ruido en los últimos meses, después de proclamar unos que Navarra no se vende y otros que Navarra, siempre, les ha faltado tiempo para empezar a trapichear a costa de Navarra. El comunicado de ETA anunciando el final del alto el fuego ha contribuido decisivamente a embrollar aún más las cosas. Nada inesperado, por otra parte. Quedaba por saber el momento y ETA ha dejado clara su opción. Ha elegido la mejor coyuntura para dinamitar las negociaciones para la formación de gobiernos alternativos y, concretamente, la posibilidad de que Nafarroa Bai obtuviera la alcaldía de Pamplona. Existe un curioso maridaje entre ETA y UPN-PP, una confluencia de intereses que hace que cada uno se beneficie de las decisiones del otro. De hecho, el PP necesita a ETA y así lo ha reconocido implícitamente con su obsesión enfermiza tras el 11-M, que sólo ha comenzado a ceder cuando el juicio ha ido refutando las peregrinas hipótesis que sucesivamente se ponían sobre la mesa; pero para entonces el PP ya disponía de un nuevo juguete con el que mantener prietas las filas y arremeter contra Zapatero: Navarra.

A su vez, ETA también necesita al PP. Diríase que ha llegado a la conclusión de que Zapatero carece de capacidad de decisión a causa del estrecho marcaje al que está sometido, y que quien puede tomar decisiones efectivas es Rajoy. El corolario es obvio: hacer lo posible para que el PP vuelva al poder. Y hablando de ETA ese «hacer lo posible» pone los pelos de punta.

En medio, Zapatero. Su gran preocupación tras la ruptura del alto el fuego es suavizar la actitud del PP, para mitigar su repercusión en las próximas elecciones generales y lo que, como consecuencia, pueda ocurrir hasta entonces. Curiosamente, el cambio de estrategias da lugar a un nuevo escenario en el que todo vuelve a ser posible. Por un lado, la moderación del PP le puede facilitar la vuelta al gobierno. Por otro, ETA puede acobardarse y facilitar las cosas a Zapatero. Por último, el PSOE puede descubrir que la mano dura vende y optar por seguir esa vía...

Sea lo que sea, la primera víctima de la reunión Zapatero-Rajoy fue el Ayuntamiento de Pamplona. Podrán decir lo que quieran, el PSN podrá intentar salvar la cara —y la dignidad— apelando a que la decisión fue suya. Pero la evidencia es abrumadora, incluyendo la críptica apelación de Rajoy a Zapatero para que «cumpliera lo que habían acordado el lunes», tras su «absurda» pregunta en la sesión de control al Gobierno.

Por cierto, que la lectura del acuerdo del PSN de no apoyar candidaturas que requieran los votos de ANV puede llevar a situaciones curiosas. Por ejemplo, ¿qué pasaría en una votación de los presupuestos de Pamplona en la que NaBai, PSN y ANV estuvieran en contra? Como los votos de ANV serían decisivos para el resultado de la votación el PSN se abstendría, lo que implicaría la aprobación de los presupuestos con la mayoría relativa de UPN. Es decir, el PSN sólo se involucrará en cuestiones de poca enjundia. Entonces, ¿para qué se ha presentado a las elecciones? ¿hay votos más inútiles que los que ha recibido ese partido? En estas condiciones, enternecen las declaraciones de Torrens sobre la oposición que va a hacer. Quizá Mori sepa explicarle lo que significa estar en la oposición en un ayuntamiento, dado el carácter presidencialista de su gobierno (no digamos nada si, además, lo preside alguien del talante autoritario y despótico de Barcina).

Pese a quien pese, ETA marca la agenda política y las decisiones de PSOE y PP. Pese a quien pese, Barcina debe la alcaldía a ETA. Si está dispuesta a aceptar el cargo en una situación de excepcionalidad como la presente y satisfaciendo los deseos de una organización terrorista, debería aplicar criterios igualmente excepcionales y gobernar por consenso, dando entrada en el equipo de gobierno al menos al grupo que, previsiblemente, hubiera obtenido la alcaldía de no mediar el chantaje de ETA.

En resumen, Navarra no se vende pero Zapatero nos ha vendido (y al peor postor).

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